En el año 2016 tuve mi primera experiencia de misión en el extranjero gracias las Misiones de los Dominicos. El lugar, Malabo (Guinea Ecuatorial); y el para qué, un curso de verano para niños de la Parroquia de Santa Maravillas de Jesús.
El curso empezaba al día siguiente de llegar. Se habían apuntado unos 50 niños, con edades a partir de 3 años, pero ya comenzado, fueron llegando más hasta superar los 150 niños.
Las mañanas eran intensas. Con la ayuda de los jóvenes catequistas de la Parroquia, nos repartíamos en grupos para las clases de apoyo. Los niños disfrutaban por tener un lápiz nuevo y entero; se alegraban cuando entendían la resta con llevada; compartían colores para decorar la sala; reían jugando a la goma elástica, a la comba, al balón prisionero, bailes, música, risas, … Se les repartían algunas galletas o un pequeño bocadillo y se iban felices a sus casas (aunque muchos se hacían los remolones para no irse y seguir disfrutando juntos).
Iba con mucha ilusión y ganas de hacer, y me volví con el corazón lleno de personas y vivencias compartidas.
Repetí en el verano del 2018. No tenía pensado ese año salir al extranjero, pero cómo decir que no a algo que mi corazón amaba, cómo no volver a disfrutar con esos niños y jóvenes, y todo ello, en una comunidad y con personas que ya formaban parte de mí. Cuando llegamos, el párroco con sus catequistas tenían organizado el campamento de verano y estaba todo listo para recibir a los niños y disfrutar con ellos. ¡Qué gran ayuda la de los monitores jóvenes de la parroquia con una total disponibilidad hacia el trabajo con los niños!
Todo el material que me pude llevar fue muy bien recibido y aprovechado. Incluso, si más hubiera llevado …, pero la capacidad y el espacio de las maletas era el que era.
Aunque la alegría de esos días no pudo con el sentimiento de observar cuántos niños había alrededor de la Parroquia que necesitaban materiales para el curso, e, incluso, el dinero para poder matricularse o para los uniformes, ya que sus familias, numerosas o con falta de trabajo, no podían hacer frente a esos gastos. Esto me hizo pensar cómo poder seguir colaborando, a lo largo del curso que estaba próximo a comenzar.
De esas experiencias vividas y de los diálogos con Fr. Roberto surgió la semilla de hacer algo con la Parroquia de Santa Maravillas de Jesús desde mi ciudad y con mi familia. La idea de que fuera la educación el eje principal no dejaba de darme vueltas. Tal vez porque los niños, los jóvenes y la educación son los grandes valores en los que creo o porque, al ser laica dominica, pienso que el estudio y la preparación son fundamentales para poder hacer un mundo mejor para todos. Y, por otro lado, porque las caras de los niños y jóvenes de esos veranos, sus ganas de aprender, conocer y disfrutar, hacía que esa idea se debiera concretizar y darle forma.
Empezamos el proceso para crear la asociación. Nacía la esperanza cuando comenzaron a aparecer las primeras aportaciones y donaciones y las dirigimos directamente a la creación de las primeras becas de estudio y, también, para material escolar.
Actualmente, continuamos con ellas, ampliando incluso su número –gracias a Dios y a bastantes personas buenas que nos ayudan- y, dada la gravedad de la situación sanitaria y económica actual, hemos empezado a buscar ayuda también para los más necesitados de la Parroquia.
Pedir es difícil, pero cuando antes se ha vivido y contemplado la necesidad, la dificultad se convierte en acicate para conseguir mejorar la situación de personas que no tienen ninguna culpa de su presente y sí mucho futuro para disfrutar de una vida mejor.
Paqui Román. Presidenta de ASAMMAGE







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