Estamos aterrizando a las fechas más entrañables del año, la Navidad. Las luces de las calles, el ambiente de sequía que experimenta estas tierras tropicales nos indican que todo ya huele al Nacimiento del Hijo de Dios.
Sin embargo, no todos ven y experimentan este Nacimiento como se debería. La Navidad está muy lejos de muchas de las casas de estas tierras. Si la situación de crisis económica ya era persistente antes del Covid-19. Con la presencia del Covid-19, la situación se ha agudizado mucho más que lo normal. La situación clama al cielo.
La situación de extrema pobreza se ha aumentado. No faltan familias que días tras días vienen a la Parroquia pidiendo comida. Es muy raro el día que no aparezca una familia a la oficina del párroco, planteándole su situación y pidiendo a grandes voces, ayuda para poder comer.
Según los informes de las autoridades sanitarias, confirman un rebrote del Covid-19, para estas fechas navideñas. Son muchos casos que se va detectando. Ya va cundiendo el pánico en la población, temiendo un segundo confinamiento.
Hay varias muertes, no precisamente por el Covid-19, sino de otras muchas enfermedades existentes en la población. Al término de esta semana he enterrado a cinco jóvenes de ambos sexos. Preguntado por las causas, nunca se sabe. Las infraestructuras sanitarias del país están fatal. No es de extrañar que los que tienen medios, aseguran su salud siempre en un país europeo y los que no los tienen, pues están condenados a morir en cuanto se les echa encima una pequeña enfermedad.
Para muchos su Navidad será buena, si y sólo si llega se les vacuna de Covid-19. Otros esperan una Navidad libres de Covid-19 y de cualquier otra enfermedad. Otros muchos esperan una Navidad, cuando se cesen los ruidos de los tanques para establecer la paz. Para la gente de mi Parroquia la Navidad será Navidad y buena Navidad, si y sólo si el regalo de la Navidad viene en una bolsa de comida.
Fr. Roberto OP




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